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2 de Octubre: entre la esperanza y la tragedia, a 54 años de la masacre estudiantil (segunda parte)

Por: Jorge Guillermo CANO

(Continuación de la Crónica Obligada publicada antier y que recomendamos leer…)


OCTUBRE

-Martes primero de octubre: se decide realizar nuevo mitin en Tlatelolco.

-Miércoles 2 de octubre: alrededor de 10 mil personas son atacadas desde varios puntos por el ejército y el batallón “Olimpia”, hay centenares de muertos; más de 2 mil detenidos y un número no precisado de desaparecidos. La barbarie.

-Jueves 3 de octubre: el Senado de la República defiende la acción criminal.



-Sábado 5: el CNH suspende todos los actos de masas en la ciudad. Se propone duelo nacional por ocho días; los granaderos irrumpen en la Escuela Normal Superior de México.

-Miércoles 9: el CNH informa que ha tenido encuentros con representantes de las autoridades en dirección al diálogo. Sus condiciones son: libertad a los presos políticos; desocupación del Casco de Santo Tomás y cese de la represión.

-Sábado 12 de octubre: se inauguran los Juegos Olímpicos “México 68”.

-Martes 22: el CNH informa que las pláticas con las autoridades están suspendidas desde el día 15 anterior.

-Martes 29: se desocupa el Casco de Santo Tomás.

-Jueves 31 de octubre: mitin en CU al que asisten alrededor de 10 mil personas. Se acuerda realizar asambleas para decidir el rumbo del movimiento.




 

Y ASI FUE...


 

NOVIEMBRE-DICIEMBRE

-Viernes primero de noviembre: acto luctuoso en Tlatelolco.

-Jueves 21: el CNH vota por unanimidad el regreso a clases; el movimiento está en declive.


-Miércoles 4 de diciembre: el CNH informa de su resolución dando fin a la huelga.

-Viernes 6 de diciembre de 1968: el CNH se disuelve oficialmente, después de una reunión en la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del IPN.


Segundo recuento (del dolor y la esperanza)

Descartes encontró que todo lo que había aprendido en el Colegio de la Fleche, prácticamente no le había servido de nada en la vida ni le había dotado de criterios seguros para distinguir lo verdadero de lo falso. Alrededor de 350 años después, la juventud del mundo tenía reclamos muy parecidos y los sigue teniendo.

En 1968, la educación superior en todas partes se movía en la promesa de un progreso asimétrico que se distanciaba, por una parte, de la vida real y sus problemas; por otra, se alejaba de su función social en el sentido amplio. En cincuenta años prácticamente nada ha cambiado sustantivamente.

La asepsia, la incontaminación, las miradas “neutrales” del proceso educativo se enfrentaron con las visiones críticas, que no se conformaban con aquel marco de apariencias, engañoso y frustrante.

Éramos entonces, los estudiantes (como lo son ahora) la “tabula rasa” en la que el poder delegado escribía la historia de vidas futuras que se perdían en la confusión. Pero el lugar, la función designada del ser estudiante entraba en crisis inexorablemente.

Empezamos a reconocernos como actores centrales del proceso educativo y, por lo mismo, exigimos ser tomados en cuenta. Junto con ese reconocimiento se hacía conciencia del papel no asumido en otra actoría, mucho más amplia, consecuente y ambiciosa: la social y el compromiso con los de abajo, los jodidos de la historia.


HEROÍSMO EN RETIRADA

Cincuenta y cuatro años después de la tragedia (del crimen, que marcó el final) una mirada sobre la generación del 68 en México revela que el heroísmo, en la gran mayoría de los casos, se batió en retirada. Había sido el signo, o la divisa, de una generación que quería asumir su compromiso con la lucha por mejorar las condiciones de vida de nuestro pueblo.

A fin de cuentas, eso fue el 68 para nosotros, para mí, que se mantiene en el recuerdo de cada día, en la emoción y el coraje; también, a veces, lo digo así, como es, en el llanto: la definición de nuestras vidas dedicadas a un futuro mejor para nuestro pueblo, el que mantiene a nuestras universidades, el que poco o nada pide y al que se olvida ante la arremetida de los “valores” del capitalismo rampante.

Ahora es la globalización (o las estrategias que convengan al gran capital) que generaliza las miserias y concentra en unas cuantas manos la riqueza; la imposición de las nuevas reglas de la productividad, la competencia, la agresividad, la eficacia y la eficiencia entendidas en su forma más cruda, utilitaria y egoísta.

O la protección del imperio, en la falacia de un progreso que nunca ha sido de todos, que nunca lo será mientras el capital imponga sus reglas, su violenta voluntad, su egoísmo y su impiedad.

Los motivos del 68 están aquí y ahora. Menos de 300 multimillonarios acaparan casi la mitad de la riqueza generada en el mundo; más de 650 millones de seres humanos no tienen trabajo; mil 500 millones ganan menos de un dólar al día; más de 100 millones viven en las calles y cerca de mil millones, principalmente niños, padecen desnutrición crónica.

¿Qué mundo es este? ¿En dónde están sus bondades? ¿En dónde la humanidad que se pregona en el discurso hipócrita? ¿Es esto lo que queremos dejar a nuestros hijos y a sus hijos?

Las preguntas del 68, desde sus inicios, con la euforia de la lucha honesta, la estudiantil y desprejuiciada, o desde la reflexión de los mayores de entonces, después en las tragedias que se empalmaban tan rápido que no alcanzábamos a digerirlas, como fuera y como sea, están presentes.


A LA PLAZA

Llegué con Oscar Mario Mendoza, Abel Duarte, Adán Duarte y Lucio Robles Palomera, pasadas las cinco de la tarde, a la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco; con ellos compartí la cercanía de la muerte y la impotencia al amanecer del día tres.

Después, aunque regresamos a nuestros lares, no era un regreso. Ya éramos extraños entre el mar de miradas que no entendían (que siguen sin entender); nuestra vida había sido transformada radicalmente y algo, en lo profundo, se había roto.

Reescribo a duras penas y me traiciona el ánimo. Espero que, algún día, los sueños reclamen su presencia y aquello sea verdad:

Los justos claman, y el Señor los oye; los libra de todas sus angustias. El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido. (Salmos 34:17-18).


(El autor, Jorge Guillermo Cano, fue delegado ante el Consejo Nacional de Huelga por la Escuela Normal de Sinaloa y estuvo el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco. En su mayor parte, este escrito se hizo con motivo del 30 aniversario de Tlatelolco, se actualiza cada año y así se seguirá publicando mientras exista el medio). (cano.1979@live.com).



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